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35 Años de Historia - Universidad de Córdoba


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La Primera Piedra
Universidad de Córdoba
Elías Bechara Zainum
1965
Primera Piedra de la Universidad de Córdoba
Colocación de la Primera Piedra (1.965)

"El señor Rector de la Universidad de Córdoba, Dr. Elías Bechara Z., a la izquierda, pronuncia ante el señor Gobernador del Departamento, Dr. Ramón Berrocal Failach y del Canciller de la Diócesis de Montería, Dr. Arnulfo Hernández, el discurso con motivo de la colocación de la primera piedra de los edificios de la Universidad."

Distinguidos asistentes :

Aún no tenemos un año de funcionamiento y ya podemos mostrarles a Uds. y a la ciudadanía toda, nuestras Facultades de Agronomía y Veterinaria y Zootecnia, dotadas de todo cuanto ellas requieren para cumplir eficazmente la finalidad de toda Universidad, en el sentido verdaderamente académico : Laboratorios de Física, Química, Fisiología, Geología, Análisis de Suelo, Biblioteca`, y un cuerpo de profesores dignos de cualquier Universidad.

Recuerdo de manera grata hoy cuando en forma azarosa se le anunciaba por mi conducto a la sociedad y al pueblo de Córdoba que había iniciado sus tareas la Universidad. Para esa época muchos no creyeron en ella, otros la ignoraban, conociéndola, y los más la señalaron como una aventura. Todo ello constituyó en mi ánimo, y en el de los que me han venido acompañando en esta dura tarea, una preocupación constante que sirvió de estímulo para vencer los obstáculos que crecieron a cada instante. Y se iniciaron las tareas, cuya jornada va a cumplirse exitosamente, ante, o con el acicate que deja el cumplimiento nobilísimo del deber de enseñar.

El primer tropiezo que superamos fue la falta de aulas y nos acogimos, casi que realizando una invasión, los dormitorios del Colegio José María Córdoba. Más adelante, la ausencia de los elementos para la administración y para el ejercicio docente y tomamos, cedidos en calidad de préstamo, los de la Sociedad de Mejoras Públicas, como sillas y máquinas de escribir. Con dos tableros empezó la lucha gigantesca entre la adversidad y este centro docente, y en uno de ellos un profesor y varios estudiantes, con mano segura y firme, estamparon una frase que es emblema de nuestra Universidad : Se ha encendido una antorcha..Que no se extinga, como replica a los escépticos. Esta luz no se ha extinguido y día a día crece y se agiganta en los confines de la patria, y atraídos por su esplendor han acudido a nuestra Universidad estudiantes de todas las comarcas del país.

En la exitosa carrera de nuestro primer centro docente, ha contado en forma definitiva la pléyade de jóvenes ávidos de aprender y nobilísimos corazones, y un grupo de profesionales, profesores de ella, que con tesón y con fe, desvinculados del egoísmo que ahora mismo hace carrera en todas las actividades, y sin ningún emolumento que recibir, y por amor a su terruño, se dedicaron a transmitir sus conocimientos en altísima emulación que a todos enaltece. Yo podría mencionar sus nombres, pero temo que los ruborice, pues siempre han querido que su misión altamente noble, quede, como toda obra grande, en silencio, pero reconocida permanentemente.

El pueblo de Córdoba siempre ha creído en esta empresa y se sumó a ella, y estoy seguro que los que no están presentes, pero en conocimiento de este acto magno y sin precedentes en la historia del Departamento, como es la colocación de la primera piedra de las edificaciones de la Universidad, están intensamente emocionados, porque parece que se parte en dos la historia de Córdoba.

Y esto lo digo, porque la colocación de la primera piedra, después de su sabor simbólico, tiene otra meta segura, como lo es la pronta construcción de los tres modernos edificios de dos plantas cada una, que integran el primer bloque, para laboratorios y anfiteatro, en estas 64 hectáreas, de lo mejor de Córdoba, que la Universidad hubo comprado después de estudios técnicos, tanto de orden Topográfico como Agrológico. En los Bancos de la ciudad reposan los dineros, con cuyo respaldo se abrirá pronto la licitación para construcción sobre los planos que se han escogido de una brillante tesis para grado de arquitectura de alumnos cordobeses en la Universidad Pontificia Bolivariana, y cuyo anteproyecto han tenido oportunidad de mirar detenidamente los que hacen el honor de acompañarme en este acto.

Yo nunca me he disgustado porque se dudara, y ahora menos me sería incómodo, de la realidad de la Universidad, pues la bondad de la obra que ahora marcha sobre rieles de seguridad, me dio ánimo permanente para insistir en ella y porque yo estaba esperando pacientemente, el argumento de los hechos para controvertir el calificativo de aventura y para convencer a los escépticos, que invito, cordialmente, a sumarse a nuestros esfuerzos y a nuestros propósitos de éxito seguro.

No hubiera el acicate, el permanente afán de demostrar la bondad de una obra, que sin contradicción se hubiera, es posible, anquilosado en la mente y en los propósitos de quienes la han sacado avante por encima de contingencias y contrariedades que se confabularon en su contra.

No la pose de sorda rebeldía ante una conveniencia nacional, que al fin ha caído vencida al peso certero de la realidad, ni la maquiavélica conspiración que en permanente trance de desquiciamientos impotentes ha amainado en soplos disolventes.

Ni la proterva actitud que se desgonza en los yunques severos del éxito, cuando trata de frustrar sus nobilísimos empeños.

uando el pueblo, encarnado en sus más imparciales capas de apreciación ha establecido un parangón entre la crítica del fracaso y la fecundidad que circuye la obra, ha rodeado con su respaldo esta colosal aventura que arraiga sus cimientos en sus mentes de trabajo, como palpable seguridad antes que figuras de quiméricas ficciones en la mente de un Rector descontrolado.

Señor Ilustrísimo Obispo de la Diócesis. Porque todos los actos en donde la fe y la constancia tienen vigencia ; y en donde esta constancia y esta fe deben estar asistidas de las luces divinas, aquí reclamamos su presencia, que nos conforta y nos marca derroteros infalibles. Que donde hemos colocado, y Ud. bendecido esta primera piedra, se levante, antes que edificaciones arquitectónicas, el monumento de la doctrina de Cristo pregonando la convivencia y el sentido humano de la vida.

Señor Gobernador del Departamento. En su nombre yo brindo esta hermosa obra que ahora iniciamos hacia su segunda etapa. Y en su nombre, porque ella ha figurado en el más decidido ideario de servicio a su Departamento ; porque sin su cooperación no hubiera sido posible los avances que hoy reviste. Otro tanto para usted señor Alcalde.

Dignísimas Reinas y Candidatas. Un timbre de real señoría tiene esta fiesta con su presencia preclara y distinguida. Llevad a vuestras tierra, en las manos frescas que os adornan, un puñado de este Limo fecundo, tanto para la fructificación de la semilla del agro como para la ambicionada de la hermandad.

A ustedes profesores y alumnos mis agradecimientos por su decidido afán de servicio. Por todo, y por todos, brindo, antes que con la mano, con el corazón regocijado. Mil gracias.

© Textos, documentos, carnets, escudos, fotografías y demás elementos de Carlos Crismatt Mouthon

© 2005 - Diseño: Carlos Crismatt Mouthon
 
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